Abuelos Vedruna 2º y 3er trimestres del curso 2019-2020 ¡Vade retro, COVID-19!
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Edición nº 14

Abril de 2020

Elevemos una oración por los que nos hanprecedido a causa del COVID-19

Descansen en paz

28 de abril de 2020

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Cuando yo era mozo…de reemplazo

Yo hice un servicio militar estupendo.

El día que llegamos al cuartel, estábamos en la compañía repartiendo los uniformes y apareció el cabo gastador y le dijo al sargento que el Coronel quería ver al soldado Joaquín Melgares. Me dijo que acompañara al cabo.

Por el camino me dijo que el Coronel quería hablar conmigo.

Cuando entré en el despacho me puse firme y le saludé militarmente:

-A la orden de usía mi Coronel.

Antes que nada me dijo que le agradaba que el día de llegada ya supiera como tratarlo. Me preguntó si tenía hermanos y le contesté que cuatro hermanas, casadas, no, tres solteras y una religiosa clarisa en Mula, y él me dijo:

-¿Con la madre magrebí Encarnación?

-Sí, es la superiora- le contesté un poco extrañado.

Saco del cajón una carta y me dijo

-No la leo para que no se ruborice por las cosas buenas que dice de usted.

A los dos días nos fuimos al campamento y estando en la tienda de campaña entró el teniente Navarro, ya nos conocíamos de antes y sabía que yo era maestro y me pidió si quería ayudarle con el grupo de analfabetos del que era el responsable. Lógicamente le dije que sí, me dijo que de ellos, había cinco que nunca habían ido a la escuela, eran analfabetos absolutos, y veinte normales.

Yo me hice cargo de los cinco con resultado estupendo por el interés que ponían en aprender.

Uno de mis “alumnos”, Diego, me dijo que su mujer estaba a punto de dar a luz, pero tenía que trabajar hasta el último día, porque era el único sustento de su casa. Aun no sé cómo lo conseguí, pero me dejaron hacer lo que quisiera, lo único cierto es que paso ocho días trabajando.

A los tres meses se terminó el campamento y fuimos al cuartel. Repartieron destinos y Diego fue a la panadería y yo fui a la centralita.

Al día siguiente vino a verme y le dije que si le  gustaría que siguiésemos dando las clases, y me contestó, con lágrimas en los ojos, que no tenía dinero pero que le encantaría, yo le dije que con el interés que tenía me sentía más que pagado.

A la semana siguiente le compré una pequeña enciclopedia y continuamos las clases hasta que nos licenciamos.

Todos los años me felicita las navidades.

El abuelo Joaquín

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