Abuelos Vedruna 2021 2º año de la pandemia
          Abuelos Vedruna 2021  2º año de la pandemia

Edición nº 15

Junio de 2021

Dejémonos contagiar por el amor, no por el virus

Papa Francisco

Cuando yo era niña…

Teresa García Villalba

Voy a contaros porqué tuve que aprender a andar dos veces. La primera como todos los niños y la segunda a punto de cumplir 10 años.

En una tarde de verano de 1948 mi padre nos dijo a mi hermana pequeña y a mi ¡si queréis ir esta noche al cine de verano tenéis que dormir la siesta que si no luego os quedáis durmiendo durante la película! Mi hermana y yo salimos corriendo hacia un enorme sofá de estilo Isabelino que había en el comedor de mi casa para no deshacer la cama (porque en aquella época los colchones eran de lana y si no los mullías de nuevo se quedaba la cama medio deshecha) yo llegué primero pero mi hermana quería desplazarme para acostarse ella y se puso a empujarme con tan mala fortuna que yo caí al suelo y me golpeé la espalda de mala manera. Una vez pasado el dolor creíamos que todo se había quedado en eso, un simple golpe y nada más.

Al poco tiempo empezó el colegio y yo siempre iba saltando sobre un pie y después sobre el otro, noté que me dolía la espalda la cosa fue a más. Me llevaron al médico y tenía una lesión de columna que había que curar con reposo absoluto sobre una tabla durante no se sabía cuánto tiempo.

Me hicieron una cama especial que consistía en una tabla forrada de lona y con dos correas a distintas alturas con las que me ataban por la noche para evitar que mientras dormía me diese la vuelta sin querer y me colocase de lado. Así estuve un año en esa posición solamente podía girarme para que me lavasen por la espalda y me cambiasen las sabanas.

En aquella época no había televisión y en algo tenía que distraerme. Oía mucho la radio sobre todo un programa de zarzuela semanal y me escuche todas las zarzuelas habidas y por haber. Me hicieron un atril de madera que colocaba sobre mi estómago y allí leí libros y libros de los que tenía mi padre que él consideraba que yo podía leer.

Todavía recuerdo alguno de los autores y libros: Los miserables,  Las cuatro plumas, El conde de Montecristo, El idiota, Cuentos de la Alhambra, La gitanilla y Las mil y una noches etc., etc.

La casa siempre estaba llena de niños pues en mi casa éramos cuatro y en la al lado vivían 11 primos míos aparte de los amiguitos entraban y salían sin parar y hacían partidas de Palé (entonces se llamaba así el Monopoli) que duraban horas y se turnaban unos con otros. Siempre había alguien en aquella habitación de grandes dimensiones y techos altos donde habían instalado mi cama.

Llegó la Semana Santa y una ambulancia me trasladó a la casa de mi abuela que vivía en la Platería en un primer piso junto al Bazar Murciano (entonces todas las procesiones y desfiles como el Bando de la Huerta pasaban por allí por que no existía la Gran Vía y el centro era todo de calles estrechas como Platería y Trapería).

Cuando pasaban las procesiones sacaban la mitad de la cama al balcón y con girar la cabeza hacia un lado yo veía todos los pasos. No sé quién hizo correr la voz de que en ese balcón había una niña enferma y todos los pasos paraban cuando les faltaban 3 o 4 metros para llegar a donde yo estaba y que yo los pudiese ver bien.

Después llegó el verano y me llevaron al campo y todos los días me sacaban a la sombra de los pinos y estaba casi todo el día en la calle. En aquellos tiempos no había luz eléctrica y un pueblecito que había a medio kilómetro, Los Dolores de Pacheco, que entonces eran 4 casas, la diversión era pasear por la carretera (no pasaban coches) e iban a ver a la niña que estaba en la cama como si aquello fuera un gran acontecimiento. Yo me distraía viendo como trillaban (la era estaba muy cerca)

Y pasó el verano y el invierno y llego la primavera y volvieron a hacerme pruebas.  Y después de estar meses y meses en esa cama y tomando cantidades industriales de calcio me dijeron que ¡por fin estaba curada!

Mi sorpresa fue cuando intente andar y no podía. Hasta que no paso una semana no pude andar. Mis primos me cogían de un brazo y de otro y llegó un momento en que ya pude andar yo sola.

Ese verano volví al campo y me pude montar en el trillo y disfrutar y bañarme en la balsa con mis hermanos y disfrutar de la vida de nuevo .Esto sucedió en los años 1948 y 1949 y es un recuerdo imborrable de mi niñez.

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