Abuelos Vedruna 2º trimestre del curso 2018-2019
Abuelos Vedruna 2º trimestre del curso 2018-2019

Edición nº 12

Febrero de 2019

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El bisabuelo Joaquín

D. Joaquín Melgares es un hombre intemporal. Su edad cronológica no tiene nada que ver con su edad real. Un caso raro.

Y no sólo nos referimos a su aspecto de sesentón maduro, que también, sino a la calidad de su intelecto. Es un prodigio de lucidez y memoria, sin distinción de memoria próxima y memoria lejana de la que tanto hablamos cotidianamente los mayores de setenta.

Joaquín, es ante todo un hombre bueno, en el sentido machadiano de la palabra… y más allá. Admira y elogia las virtudes de los demás y nunca ve defectos en nadie.

Nació en julio de 1937 en Cehegín y su vida ha sido muy interesante de la que hablaremos de algunos retazos.

Abuelo Víctor: Joaquín, ¿dónde está escondido el cuadro que envejece en tu lugar?, porque no cabe duda que eres una versión, eso sí, amable y buena, del malvado Dorian Gray.

Abuelo Joaquín: Está en mi familia. Ellos son la causa de mis satisfacciones y de la alegría de vivir. Pero no hay cuadro que envejezca. Espero no ser yo el cuadro de los míos.

A.V. : ¿Cuáles son tus primeros recuerdos?

A.J.: Mis juegos en la calle. Los coches no nos molestaban... porque no había. Yo tuve una infancia feliz porque no deseaba nada que no tuviera.

A.V.: ¿De qué manera influyeron tus padres en ti?

A.J.: Eran radicalmente distintos. Mi padre me riñó una sola vez, ya jovenzuelo. Mi madre severa en la niñez, respetuosa en mi juventud y en la madurez me encumbró como un santo. Siempre he adorado a mi madre y ella ha tenido siempre su apoyo en mí.

A.V.: ¿Conociste a tus abuelos? ¿Cómo eran?

A.J: Sólo a mi abuela paterna. Los fines de semana se reunía con toda la familia y era una institución. Era todo lo que se pueda esperar de una abuela y tú ya sabes qué significa eso.

A.V.: Te conozco y sé que de espíritu eres un hombre joven, pero ¿qué fue de tu juventud en sentido estricto?

A.J.: Deporte, sobre todo fútbol. Llegué a jugar bastante bien y no descartaba llegar a ser una figura. Fíjate que jugaba por la mañana con los juveniles y por la tarde con el equipo de 1ª regional. Y esto con la autorización de la Federación, pues no alcanzaba la edad para jugar en esa categoría.

Desgraciadamente un problema de salud, más bien constitucional (el espolón), me hizo renunciar a mi sueño.

A.V.: ¿Cuándo y cómo empezaste a trabajar? Haz un resumen curricular de tu vida profesional, en pocas palabras.

A.J.: Hice magisterio y cuando preparaba oposiciones me desvié hacia Telefónica por motivos económicos y laborales. En Madrid preparé la oposición (1960) aprobé (1961). Mi primer destino en Bilbao. En 1963, ascendía a un escalón superior y fui destinado a Palma de Mallorca, en 1965 fui destinado a Benidorm y en 1967 recalé en Murcia de forma definitiva. Siempre he formado parte del equipo técnico.

A.V.: Y de tu vida amorosa ¿qué? Creo que tuviste muchas novias...

A.J.: ¡Qué va! Tuve la suerte de conocer a mi mujer antes que a cualquier otra, así que me casé muy bisoño en 1963. Es la mujer de mi vida.

A.V.: Y según tengo entendido tuviste un hijo...

A.J.: Si. Un hijo... detrás de otro, en total 9.

A.V.: ¡...! ¿Y cómo vivía una familia supernumerosa? Porque hoy día sería imposible si tienes que comprar a cada vástago un Smartphone, una play station, un patinete eléctrico...

A.J.: Esa es la desgracia de la juventud actual, que al tenerlo todo no saben apreciar el valor de las cosas.

A.V.: Y los niños se hicieron mayores...

A.J.: Tengo tres motivos para sentirme joven. Primero llevo 55 años casado, en segundo lugar, tengo un hijo jubilado y en tercero ya te lo diré después

A.V.: Por cierto, creo que todavía (y eso seguro que es cierto), después de haberse independizado tus hijos, conservas sus camas (literas) en casa como si no hubieras aceptado romper el cordón umbilical.

A.J.: Así es. Mi familia es lo más importante para mí, pero no interfiero nunca en su vida y decisiones, aunque me satisface enormemente que mis hijos, ya mayores, me pidan consejo.

A.V.: Y naturalmente, tendrás un porrón de nietos, ¿no?

A.J.: Menos que hijos: 8.

A.V.: ¡Y tienes un biznieto!

A.J.: Y esperando una biznieta que está en ciernes. Ese, el de los biznietos, es el tercer motivo por el que me siento joven.

A.V.: Todos los miembros de nuestro grupo sabemos lo que es tener nietos, el amor que les profesamos y la ternura que nos proporcionan, pero explícame, ¿qué se siente al ser bisabuelo?

A.J.: Siento desilusionarte pero es un sentimiento como el de los nietos. Éste es un bicho que nos tiene locos. A ver si su hermana viene más pacífica...

A.V.: Pasando a otro aspecto de tu vida, ¿de dónde viene tu pasión por el teatro? Cuenta un poco cómo se ha desarrollado en ti esa segunda vocación.

A.J.: Desde que estudiaba bachiller con los Franciscanos. El profesor de Literatura, un hombre muy brillante, enamorado del teatro, nos embarcó en esa aventura. Representamos varias obras en las que, debo decir sin falsa modestia, yo era protagonista. Mi última obra representada en Cehegín fue en 1954. La afición quedó dormida hasta que despertó en 2006 con el grupo de teatro de la Caixa.

A.V.: Te he visto representar y no miento al decir que me impresionaste, ¿cuál es tu secreto?

A.J.: Supongo que he llegado, de forma intuitiva, al método que supongo universal. Simplemente es meterse en el papel del personaje que representas. He de reconocer que es fácil hacerlo cuando el actor se identifica de forma natural con el personaje que representa. Lo difícil es identificarte con el villano despreciable, el asesino o el avaro... Pues bien, a pesar de eso, pretendo ver el mundo desde el punto del antihéroe.

A.V.: No es menos importante tu vena poética. Recitas tus poesías con muchísimo sentimiento. Sientes realmente lo que dices, te animas, lloras, ríes... ¡vives! ¿Tienes algún secreto para poder contagiarnos tus sensaciones?

A.J.: Creo que esta pregunta se contesta con la respuesta anterior: meterse en el papel. Aquí la cosa es más fácil, pues por lo general, en la poesía solo encuentro autores que cantan al amor, la belleza, la nostalgia,...

A.V.: Gracias, amigo, por haberte prestado de buen grado a desnudarnos tu alma.

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