Abuelos Vedruna 2º y 3er trimestres del curso 2019-2020 ¡Vade retro, COVID-19!
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Edición nº 14

Abril de 2020

Elevemos una oración por los que nos hanprecedido a causa del COVID-19

Descansen en paz

28 de abril de 2020

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Me gusta lo que veo

 

Hay un anuncio que dice: “Vosotros habéis cambiado la forma de ser mayor” ¡Y es verdad!

Yo nací en pueblo pequeño del campo de Cartagena donde la mayoría de los habitantes se dedicaban a la agricultura. Las mujeres cuidaban de la casa y de la familia durante toda su vida, eran sus dos responsabilidades fundamentales. Los hombres, en cambio, se encargaban de procurar el sustento familiar con su esfuerzo y trabajo, mientras eran jóvenes o sus fuerzas se lo permitían.

Según mi madre, en su época, cuando las personas se hacían mayores y no podían trabajar abandonaban sus tareas y se sentaban en un rincón. Los achaques propios de la edad y la escasa asistencia sanitaria les impedían tener una vida activa plena. En el mejor de los casos, se reunían, las mujeres por un lado y los hombres por otro, con sus amigos y vecinos a charlar en algún banco o en sus viejas sillas de anea o esparto. Pero, incluso en estas ocasiones seguían activos, pues era frecuente que, mientras hablaban, los hombres tejieran soga de esparto y las mujeres zurcieran ropa o hicieran ganchillo o bolillo. 

Los pocos mayores que destacaban por su dinero o por su inteligencia y capacidad para aconsejar eran muy respetados por la comunidad. El resto dejaban pasar el tiempo, esperando el final de su existencia.

En cuanto a los cuidados, la mayoría los recibía de su familia, pero, aquellos que no tenían esta suerte, eran enviados al “asilo”, un lugar detestados por todos y una vergüenza para los que iban allí. En cualquier caso, no se planteaba mejorar la calidad de vida de los mayores, pues se pensaba que la vejez era un proceso natural de deterioro físico y mental que había que aceptar tal y como viniese. Por todo ello la esperanza de vida, salvo excepciones, era corta.

Por aquel entonces las familias eran extensas, pues se componían de padres, hijos y abuelos. Estos últimos participaban en la vida familiar, sobre todo, contando cuentos y experiencias que habían tenido a lo largo de su vida, y por ello eran los trasmisores no solo de la tradición familiar, sino también de la del pueblo en donde vivían.

Pero, todo cambió para los mayores cuando la mujer se incorporó al mundo laboral. La mayoría dejó su aburrida, y a veces triste vida, para convertirse en cuidadores de nietos mientras los padres estaban trabajando. Eso les animó porque descubrieron que volvían a ser útiles al dedicarle más tiempo a esos hijos-nietos que alegraban sus días, y porque era una forma de contribuir a la economía familiar.

Quedaban lejos aquellos tiempos duros de donde se escaseaban muchas cosas básicas y se luchaba por salir de una posguerra que arrasaba el país.

En las últimas décadas del siglo XX y en los comienzos del XXI los adelantos en medicina y en las nuevas tecnologías cambiaron la mentalidad de los hombres y por ende de la sociedad. La economía mejoró, se fueron adquiriendo derechos…  La esperanza de vida se alargó y se empezó a hablar de la “tercera edad”, esa edad en la que se es mayor, pero con calidad de vida, pues el ineludible deterioro físico y mental está bajo control. Un cuidado de la vida de los mayores, que ahora es exigido como un derecho. 

Y es, precisamente, estas mejores condiciones de vida de los mayores, lo que está poniendo de manifiesto que envejecer no es solo merma de capacidades, sino otra etapa más de la vida, la “tercera edad”, en la que hay abundancia de experiencias, de madurez, de conocimientos, de ternura… Así es que podemos decir que los mayores somos la reserva de la sociedad.

Y una parte de esa reserva somos nosotros los ABUELOS DE VEDRUNA, un conjunto de abuelos diferente a otros muchos que hay ahora, pues no nos limitamos a ser cuidadores de nietos o a jugar al dominó. Efectivamente nos cuidan (médicos, psicólogos, monitores de tiempo libre, atención a los que viven solos…), pero sobre todo sabemos cuidarnos (ejercicio, buena alimentación, presencia cuidada, relaciones sociales…), y, a pesar de ser un grupo heterogéneo, también sabemos complementarnos.

Cada uno aporta al grupo sus dones. No tenemos genios, ni falta que hacen, pero sí ilusión por aprender, interés por esforzarse y dar lo mejor de nosotros mismos. Somos alegres, creativos, generosos, entusiastas… Y todo ello al servicio del objetivo que, realmente nos hace diferentes: participar en la educación de nuestros nietos desde el colegio donde asisten por medio de actividades culturales o lúdicas bajo la tutela del equipo directivo.

Termino el artículo como lo empecé: Os observo y “me gusta lo que veo,” porque entre todos hemos cambiado la forma de ser mayor.

LA ABUELA PACA

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